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Historia de la República Dominicana: El cacique taíno Enriquillo (Capitulo 6, 15-20)





Biografía de Enriquillo

 

El cacique taíno Enriquillo nació a orillas del lago El Lago del Comendador Aibaguanex (hoy lago Enriquillo) a finales del último tercio del siglo XV, quizás en 1497, y falleció en Boyá, Azua, el 27 de septiembre de 1536.

 

Enriquillo, cuyo nombre taíno era Guarocuya, fue un noble y líder indígena taíno que encabezó una exitosa rebelión de 14 años contra la colonización española en la isla La Española

 

Nació a orillas del lago Jaragua (hoy lago Enriquillo) y era parte de la familia real de Jaragua, su tía Anacaona fue reina de Jaragua y su padre Maniocatex fue príncipe heredero que murió en el año 1503.




La historiadora Lidia Martínez de Macarrulla, asegura que la figura de Enriquillo comienza cuando presenció y sufrió la cruel masacre del cacicazgo de Jaragua en julio del 1503, hecho atroz y criminal ordenado por el entonces gobernador de la isla, Fray Nicolás de Ovando.

 

Ese horrendo episodio aconteció en Guaba, hoy Léogâne, en Haití, fue realizado por Ovando y su ejército ya que fue enviado para hacer el trabajo de organización social y política de la primera colonia en el Nuevo Mundo.



Tras la matanza de Jaragua, el joven cuyo nombre indígena era Guarocuya, fue criado por curas franciscanos, tal como se hacía con todos los hijos de caciques, para convertirlo al cristianismo quienes les enseñaron a leer y escribir el castellano, siendo educado como español y bautizado en la religión católica con el nombre de Enrique Bejo, conocido popularmente como Enriquillo.

 


Enriquillo demostró que a nivel de aprendizaje o estudio podía estar a la misma altura de un español que hubiere tenido las mismas instrucciones académicas, siendo un ejemplo para demostrar que tenía la capacidad y audacia hasta el punto de que fue reconocido por el Rey Carlos V, quien entendió que éste tenía el potencial suficiente para llamarle “Don”.


 



Mencía se casó posteriormente con el cacique Enriquillo (Enrique).

 

Mencía de Guevara era una mujer mestiza, hija del español Hernando de Guevara y de Higüemota (quien adoptó el nombre cristiano de Ana de Guevara tras bautizarse), y esta última era hija de la gran cacica taína Anacaona y el cacique Caonabó.

 

A pesar de su educación Enriquillo fue encomendado a Francisco Valenzuela: Vecino y regidor de San Juan de la Maguana, recibió a Enriquillo junto con 46 personas de servicio (súbditos

 

Andrés de Valenzuela heredó el repartimiento de indios de San Juan de la Maguana tras la muerte de su padre, Francisco de Valenzuela (quien, por el contrario, siempre había tratado a Enriquillo con respeto).


 


A diferencia de su padre, Andrés comenzó a maltratar al cacique y  entre los abusos que cometió, le despojó de una yegua que Enriquillo utilizaba (un animal que además era considerado un símbolo de nobleza y distinción para la época) e intentó abusar sexualmente de su esposa, doña Mencía.

 

El acoso y la violencia contra doña Mencía afectaron profundamente la dignidad del matrimonio, que pertenecía a la nobleza taína.

 

Al apelar ante el teniente de gobernador de San Juan de la Maguana, Pedro Vadillo, este no solo desestimó las quejas de Enriquillo, sino también, que lo amenazó, lo maltrató físicamente y lo encarceló temporalmente.

 

Enriquillo no se rindió de inmediato y viajó a Santo Domingo para presentar su caso ante la Real Audiencia. La Real Audiencia escuchó al cacique y le otorgó una carta de amparo o provisión real para que se le restituyeran sus derechos y se detuvieran los abusos.


Al volver a San Juan con el documento oficial, Vadillo no solo se burló de las instrucciones de la Audiencia, sino que amenazó y encarceló temporalmente a Enriquillo.

 

Al ver que las vías legales españolas eran totalmente ineficaces para proteger a los indígenas, fue lo que colmó la paciencia de Enriquillo, motivándolo a despojarse de sus ropas españolas e iniciar la histórica rebelión de la Sierra del Bahoruco en 1519, iniciando una guerra de guerrillas que duró 14 años.



 

Enriquillo se internó en la Sierra de Bahoruco en el año 1519, acompañado inicialmente por un grupo reducido de indígenas (incluyendo a su esposa, doña Mencía), aunque cronistas como Fray Bartolomé de las Casas señalan que con el paso del tiempo y al avanzar la rebelión se le sumaron cientos de hombres y esclavos cimarrones.

 

Desde su nuevo hogar comenzó su resistencia a ambos lados de las montañas de Bahoruco.

 

Su estilo fue de guerrilla que asaltaba las haciendas españolas, les quitaba las armas y repelía sus ataques. Hizo esto durante 14 años.

 

A medida que le llegaban refuerzos los iba organizando con acierto y previsión admirables. A primera vista parecía adivinar la aptitud especial de cada uno, y le daba el adecuado destino.

 

Creó desde entonces un cuerpo de vigilantes de los que jamás funcionaba uno solo, sino por lo regular iban a sus comisiones de dos en dos y a veces más, cuidándose el sueño y la fidelidad respectivamente.

 



Con los más ágiles y fuertes formó una tropa ligera, que diariamente y por muchas horas seguidas se ejercitaba en trepar a los picos y alturas que se juzgaban inaccesibles a seres humanos;  en subir y bajar como serpientes por los delgados bejucos que pendían de las eminencias verticales, y en todas aquellas operaciones que podían asegurar a los rebeldes del Bahoruco el dominio de aquella fragosa comarca.


Así esperaron el ataque comandado por Valenzuela, compuesto de hombres a caballo.


Cuenta Fray Bartolomé de las Casas, que cuando Andrés Valenzuela se dio cuenta de que Huarocuya-Enriquillo, había abandonado sus servicios, salió a perseguirlo con gente española.

 

En la rebelión de la Sierra del Bahoruco, Enriquillo se enfrentó militarmente a Andrés de Valenzuela en dos ocasiones.

 

Los detalles de estos dos enfrentamientos documentados por los cronistas históricos (como Bartolomé de las Casas) fueron:

 

Primer combate (1519): Inmediatamente después del alzamiento de Enriquillo motivado por los abusos sufridos, Andrés de Valenzuela armó una expedición persiguiéndolo hasta las montañas con un grupo de españoles.





Tras estas dos rotundas derrotas de Valenzuela, las autoridades coloniales de Santo Domingo decidieron relevarlo del mando de la persecución y procedieron a enviar capitanes experimentados como Pedro de Vadillo y Ortiz de Matienzo.

 

Las expediciones militares comandadas por Pedro de Vadillo y el capitán Ortiz de Matienzo en contra del cacique Enriquillo en la Sierra del Bahoruco se llevaron a cabo principalmente en el año 1523.


La campaña de Ortiz de Matienzo: Se organizó y financió formalmente en 1523 mediante la liberación de fondos de las Cajas Reales de Santo Domingo para sofocar la insurrección indígena.


La campaña de Pedro de Vadillo: Se desarrolló en el mismo periodo (entre 1523 y 1524), como parte de los primeros intentos armados de la Corona por capturar a Enriquillo tras su alzamiento iniciado en 1519. Ambos cuerpos expedicionarios avanzaron de manera conjunta o sucesiva en forma de "peine" por la porción occidental del Bahoruco, siendo finalmente derrotados por las tácticas de guerrilla del cacique taíno.

 

Entonces la fama de Enriquillo corrió por toda la isla y muchos indígenas abandonaron a sus “amos” para unírsele en las montañas. Los esclavos africanos, que ya entonces eran “importados” para reemplazar la “mano de obra nativa”, cuando lograban fugarse acudían a la zona liberada y se sumaban al primer “ejército rebelde” que conoció el Caribe, en una lucha que duró catorce  años.

 

En 1525 Jácome de Castellón y Lope de Bardecí tuvieron cargo del despacho de la primera armada de la guerra del Bahoruco contra el cacique alzado Enriquillo. 






En 1526, el capitán Hernando de San Miguel decidió una nueva estrategia militar contra los indígenas sublevados en la isla de La Española (liderados por el cacique Enriquillo): arrasó todos los conucos de la zona con el fin de cortar de raíz los suministros y alimentos a los rebeldes. Esta táctica de "tierra quemada" buscaba asfixiar por hambre a los sublevados.

 

Ante una situación tan desesperada, Enriquillo le propuso una tregua al capitán español. El acuerdo fue aceptado por las autoridades de Santo Domingo, utilizando como intermediario al fraile franciscano fray Remigio.

 

Sin embargo, el líder indígena aprovechó estratégicamente este tiempo de paz para trasladarse en absoluto secreto hacia la parte oriental de la Sierra del Bahoruco, donde estableció nuevas plantaciones de cazabe para asegurar a largo plazo el sustento de su comunidad.

 



Hacia finales de la década de 1520 e inicios de 1530. Enriquillo y sus guerreros atacaban las estancias, plantaciones y caminos de los colonizadores españoles con el fin de abastecerse de armas, herramientas y provisiones, además de liberar a otros indígenas en régimen de encomienda.

 

Se descarta que fuera un motivo pasional el que llevó a Enriquillo a alzarse como decían los españoles, debido a que fue una decisión pensada y desarrollada desde hacía buen tiempo, por lo que tomó a los indígenas que lo apoyaban y a su esposa trillando el camino hacia la reivindicación de sus derechos y las montañas de la sierra del Bahoruco sería su campo de acción

 

Enriquillo y sus indígenas derrotaban a todas las expediciones enviadas a subyugarlos al contar los españoles con muy pocas fuerzas. Los españoles confiaban que acabarían con los taínos tal como lo habían hecho antes.



 

Sobre la particularidad de este levantamiento, los oidores de la Audiencia de Santo Domingo se lo explicaban así al Emperador: “Es guerra con indios industriados y criados entre nosotros, y que saben nuestras fuerzas y costumbres, y usan de nuestras armas y están proveídos de espadas y lanzas, y puestos en una sierra que llaman Bahouruco, que tiene de largura más que toda el Andalucía, que es más áspera que las sierras de Granada”.

 

Situó su cuartel en una zona de la sierra prácticamente inaccesible para los españoles, y según carta del licenciado Vadillo de 1533, “estaba en parte a donde jamás los españoles habían llegado y en lugar tan fragoso y escondido que nos dice que fue casi imposible hallarle aquel asiento y que junto de él tenía muy grandes xagueyes a manera de cuevas para esconderse él y su gente si fuesen hallados”.

 

Al mismo tiempo, el cacique Enriquillo estableció un complejo sistema de información en torno a él.

 

En 1528 fue enviado como obispo de Santo Domingo, a la vez que como presidente de la Real Audiencia, Sebastián Ramírez de Fuenleal.

 

Fuenleal, que se había mostrado muy partidario del indio, trató de concertar la paz con Enriquillo pero no lo pudo culminar ya que en 1531 fue trasladado a México a presidir su Audiencia.

 

Enriquillo permaneció en sus dominios de las montañas de Bahoruco hasta el fin de sus días sin ser capturado.

 

Para financiar la guerra del Bahoruco, que fue enormemente costosa, las autoridades de Santo Domingo acordaron hacerlo a través de la sisa, un impuesto que gravaba determinados productos de primera necesidad, como la carne, el vino o la harina.

 

El gravamen recaía sobre el comprador y lo marcaba la Real Audiencia.

 

La armada estuvo a cargo del capitán Pedro Vadillo. Como la guerra fue larga, el malestar de los vecinos contra las “sisas y repartimientos” fue grande consiguiendo en 1533 que la Corona aceptara pagar la cuarta parte de los gastos ocasionados por la guerra.



El levantamiento de Enriquillo incitó a otros indios y negros a sublevarse contra los españoles en distintas partes de la isla, como la sublevación del indio llamado Ciguayo en varias estancias de la Vega y el Cibao y muriendo a manos de sus captores en 1530.

 

Más importancia tuvo el alzamiento del cacique Tamayo en las cercanías de Puerto Real, el cual, tras matar a algunos españoles, fue a refugiarse con Enriquillo en la sierra del Bahoruco.

 

Otros indios sublevados por esas fechas fueron Hernandillo el Tuerto por tierras del Bonao, Buenaventura y Cotuí o el cacique Murcia que, después de veinticinco años levantado, llegó a un acuerdo con las autoridades en 1544 para retirarse con sus indios a Puerto de Plata.

 

Desconfiada la Corona de encontrar una salida pacífica, decidió acabar con los insurrectos por las armas.

 

El 4 de julio de 1532, en Medina del Campo, Francisco de Barrionuevo fue designado capitán general de la Guerra del Bahoruco.

 

Una de las principales misiones que llevaba era la de pacificar la isla tras los levantamientos de Enriquillo y de los demás indios, además de los negros cimarrones

 

Meses después, el 20 de febrero de 1533, éste llegaba a Santo Domingo con casi doscientos soldados a combatir a Enriquillo si antes no se firmaba algún acuerdo de paz bajo ciertas condiciones.

 

Tras estudiar el problema con las autoridades de la isla, Barrionuevo, acompañado incluso por algunos familiares del cacique, se fue en busca del cacique rebelde por tierras de Yáquimo con el fin de proponerle la paz y hacerlo volver a la obediencia del rey de España. 






Tras más de dos meses de búsqueda, entre julio y agosto de 1533, Barrionuevo tuvo una importante entrevista con Enriquillo y Tamayo en los alrededores del lago llamado Comendador  Aibaguanex,  hoy lago Enriquillo, con el fin de concertar un tratado escrito que comprometiera directamente al rey de España, Carlos I.

 

El cacique del Bahoruco pronto comprendió la importancia del citado acuerdo, consintiendo por propia voluntad concertar la paz.

 

Por ese tratado a Enriquillo le ofrecieron tierras, un asentamiento para él, para su familia y seguidores, además del título de “don”, una distinción que entonces llevaba sólo la nobleza más distinguida.

 

Por contrapartida, se obligaba a entregar a todos los indios y negros cimarrones que hallase, recibiendo por cada negro “cuatro camisas de lienzo”. Igualmente se comprometía a ir contra los indios alzados.

 

Se le considera el primer guerrillero de América por usar tácticas de guerra de guerrillas y emboscadas en las montañas que desquiciaron al ejército colonial.

 

Sostuvo la resistencia durante 14 años hasta que la Corona española se vio obligada a negociar y firmar la paz en 1533.

 

Es recordado como un símbolo de libertad, dignidad y resistencia de los pueblos originarios en la República Dominicana.

 

La corona española lo reconoció como miembro de la nobleza, y le otorgó el título de “don”, que solo podía llevar un noble, y desde entonces se le llamó Don Enrique.


Enriquillo es el único aborigen en ascender a la nobleza española al dársele el título de “Don” que lo colocó en la categoría de príncipe ya que hubo la intención de llevarlo a España al entender que era una persona muy inteligente, pero él no accedió y se quedó en su tierra a luchar por y con su gente.



 


En 1534, Enriquillo y su esposa Mencía, acompañados de algunos de sus caciques, fueron a visitar la ciudad de Santo Domingo, donde fueron recibidos con muchos honores.

 

A su regreso se trasladó con toda su gente a las cercanías de la villa de Azua fundando un pueblo que se conoció con el nombre de Boyá.

 

Enriquillo no sobrevivió mucho, tras su triunfo.



 

El 27 de septiembre de 1535, moría el Cacique y el Escribano de la Audiencia, Diego Caballero, les daba la noticia al Emperador Carlos I de España y Carlos V de Alemania:

 

El Cacique Don Enrique, falleció, murió como un buen cristiano, habiendo recibido los sacramentos y se hizo traer a enterrar a un pueblo de esta isla que se dice la villa de Azua.

 

Como se puede leer, el cacique Enriquillo en su testamento ordenó que su cuerpo fuese sepultado en la iglesia parroquial Nuestra Señora de las Mercedes de la provincia de Azua, el lugar que en la actualidad lleva el nombre de Pueblo Viejo, al tiempo de disponer que su esposa Doña Mencía y su primo, el capitán Martín Alfaro, fuesen los caciques que en lo adelante ocupasen el lugar suyo.

 

Enriquillo murió poco después, el 27 de septiembre de 1535 a los cuarenta  (40) años de edad, como un auténtico cristiano, siguiendo las ideas religiosas que le habían enseñado desde muy pequeño los franciscanos.

 

Se le considera el primer guerrillero del Nuevo Mundo por el valor de enfrentar el poder imperial.

 

Se  consagra el dia  27 de septiembre de cada año  como Día del Héroe de Bahoruco.


 

Llevan su nombre:


El Lago del Comendador Aibaguanex, el cual a partir de ahí, fue bautizado como “Lago Enriquillo.



 

Playa y un Municipio en Barahona, República Dominicana llevan el nombre de Enriquillo, el invencible.



En el distrito municipal de Boyá, provincia Monte Plata, el Centro Cultural Enriquillo- Guerrillero de América, donado por Lidia Martínez de Macarrulla en honor al cacique taíno, con la participación de reconocidas personalidades para el desarrollo educativo y cultural de esta zona.

 



También, en Santo Domingo,  Parques,  barrios y calles llevan su nombre

 

Referencias:


Manuel Jesús Galván, Enriquillo


Wikipedia.com


Humanidades » Historia » El cacique Enriquillo




Próxima publicación el Cacique Murcia


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